The Tomb of Tutankhamun

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"Can you see anything"
"Yes, wonderful things.."

Y maravilloso e interesante, para mi, ha sido leer el relato del descubrimiento de la tumba de Tutankhamón narrado en primera persona por Howard Carter. Que comienza con una descripción del Valle, de sus trabajos preliminares en Tebas cuando dio comienzo con sus excavaciones para Lord Carnarvon en 1907, hasta el hallazgo de la tumba en 1922, haciendo para ello una detallada exposición de cuales fueron los pasos dados a partir de ese momento. Lo que fue la investigación preliminar, la inspección y vaciado de la antecámara, del contenido de la tumba y la cámara funeraria, la apertura del sarcófago, de los tres féretros, los tesoros y ajuar que encontraron en la habitación que había tras la cámara, y los objetos del anexo a ella.
El libro termina hablando sobre la causa principal del deterioro y cambios químicos en los objetos de la tumba pero yo hubiese seguido leyendo tan gustosamente impresiones más personales de lo que todo ello supuso para Carter, como cuando trata el tema de los visitantes y periodistas, porque si con 17 años una sociedad de egiptología inglesa advierte de su talento como dibujante, no dispone de menos interés como narrador.

"May your spirit live, may you spend millions of years, you who love Thebes,
sitting with your face to the north wind, yours eyes beholding happiness"

(Epitafio de la tumba de Howard Carter e inscripción del precioso cáliz de alabastro de Tutankhamón)

Howard Carter encontró que las relaciones con los funcionarios egipcios, los medios de comunicación y el público eran muy difíciles sin su alter ego, Lord Carnarvon. Sintiéndose superado por los periodistas cuando la única prioridad para él era trabajar trabajar y trabajar, realizó un trabajo sin precedentes que le llevaría diez años de su vida tras la muerte de su amigo Lord Carnarvon.

Pena que en Putney Vale, en las afueras de Londres, coincidiendo en 1939 con los inicios de la Segunda Guerra Mundial asistieran sólo unas pocas personas a la ceremonia de entierro de un hombre, Howard Carter, que una década antes se había convertido en un héroe nacional.
Una verdadera lástima desde luego que no se le reconociera en su justa y merecidísima medida, de manera acorde a su fabuloso descubrimiento y labor desarrollada.
Pero no pasa nada mi Carter, aquí me tienes, para reivindicarte y recordarte.


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